Durante las primeras semanas aquí en Madrid, estoy seguro de solamente una cosa. Hay demasiado Jamón. Sobre pan, en una bocadilla, en la ensalada, sobre las paredes, escrito por las calles, como un sabor de patatas fritas, en todas partes. Hay museos de Jamón. ¿Qué vas a pedir? Pues...una bocadilla de Jamón. ¿Qué comiste ayer? Jamón y, hmm ... Jamón. ¿Y qué más? Nada, pues, espera...alguno chorizo. El hermano de Jamón. La única diferencia es que no hay museos de chorizo.
En total, las opciones de comida no me interesan mucho. Y por eso, siempre tengo hambre y siempre veo Jamón, Jamón, Jamón.
Estoy de acuerdo, hermano. Estoy de acuerdo.